domingo, 1 de mayo de 2016

Dos lápices, un relato LX

¡Buenos días! Hoy os traigo la siguiente parte de este relato conjunto que escribo con A la sombra de los sauces. Espero que disfrutéis. ¡Feliz domingo!


Los chicos, guiados por Grace dieron una vuelta alrededor del castillo hasta que llegaron a la parte trasera. No había nada. Ya sospechaban que todo podía ser una trampa, cuando el espectro presionó una de las piedras de la gigantesca pared y, al instante, una especie de grieta se abrió en ella.

-Ya podéis pasar. Subid las escalerasssss hasssssta el último pissssso. Allí encontraréisssss a vuessssstra amiga...
- ¿Por qué nos ayudas, Grace? Nos habías traicionado... ¿Qué ganas con todo esto? - preguntó James.
- Que él esté orgulloso de mí... - dijo mientras miraba hacia la nada -. Ahora debéis iros. No perdáis más tiempo conmigo. ¡Corred!
- ¡Sí! - dijeron los tres al unísono.

Subieron escaleras. Escaleras que no terminaban. Iluminadas por una fila ascendente de teas que emitían una luz violácea. Se estaban agotando pero debían seguir. No podían permitirse llegar tarde. Helena tenía el presentimiento de que Evelyn estaba en serio peligro. Finalmente, se acabaron las escaleras. Ante ellos se alzaba un gran portón con pomos de cráneos. No se lo pensaron un segundo: abrieron la puerta.

Se encontraron a Madre abriéndole el pecho a Evelyn con su cuchillo. Empezaba a salir un pequeño reguero de sangre. Horrorizados, no pudieron fijarse en el terrible monstruo que aprovechó el momento para abalanzarse contra ellos...

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