sábado, 23 de abril de 2016

Dos lápices, un relato LVIII

¡Buenos días! Hoy os traigo la siguiente parte de este relato conjunto que escribo con A la sombra de los sauces. Espero que disfrutéis. ¡Feliz sábado!


- ¿Sacrificarla?- preguntó Madre.
- Desde luego... Sacrifícala y dame su energía para que poco a poco vaya recuperando el poder que un día tuve.
- Descuida, señor. Así se hará.
- Sí... Pero con una persona que haga el ritual es suficiente... - dijo con una mirada de perversión. En ese momento destripó a uno de los hombres de Madre con una velocidad pasmosa al tiempo que lo devoraba-. ¡TENGO HAMBRE! Necesito un tentempié. Todos vosotros, mis queridos acólitos, vais a tener el honor de formar parte de mi cuerpo. El cuerpo de vuestro dios... Jajajajajajajaja.

Los compañeros de Madre gritaban de puro horror mientras aquél demoníaco ser los agarraba y se disponía a devorarlos. Pronto ya no quedaron gritos. Sólo el miedo de Evelyn y su Madre. Y el hambre insaciable del monstruo.
- ¡Adelante! Comienza el ritual o correrás la misma suerte que tus compañeros. ¿O es que acaso tu faceta de madre te lo impide?
- No, señor. Nada me ata ya a esta traidora.
- ¡Madre! - exclamó Evelyn.
- Entonces hazlo. Recuerda que hay más niños y no tenemos tiempo que perder.
Madre sacó un cuchillo de un bolsillo de su manto y se dispuso a acercarse a su hija, que estaba atada.

...

Los chicos seguían sin saber cómo entrar en el castillo. No veían ninguna puerta. Ningún tipo de acceso... Estaban desesperados cuando de repente una voz familiar salió a su encuentro:
- Puedo ayudarosssss... Me necesitáisssss.
- ¡Tú! - exclamaron los tres jóvenes al unísono.

No hay comentarios:

Publicar un comentario