domingo, 6 de marzo de 2016

Los hombres no lloran

Los niños jugaban en el pueblo. Chillidos e insultos detrás del esférico. Faltas, sobras, maratones, moratones y heridas en polvo. Y pobres rodillas... Acariciaban el suelo, y a cambio recibían el beso de las piedras, incapaces de corresponderles. Que ya no sienten.

Pero él no jugaba. Él sólo se quedaba mirando. No le gustaba el juego pero se quedaba mirando. ¿Qué le iba a hacer si a los demás niños les gustaba jugar donde a él le gustaba mirar? Siempre llegaba antes para coger sitio. El vetusto corpiño de un vetusto sauce era su asiento. Se pasaba vidas observando el horizonte con su cómplice, hieráticos los dos. Hasta que se ponía el sol.  Duermevela de colores que teñía de fuego las níveas canas de las adultas montañas. Las danzantes sombras de los niños se fusionaban y dejaban paso a la quietud. Seguían jugando. Pero él miraba. Miraban y veían, uno con sus lágrimas caducas, el otro con sus hojas cristalinas, llorones los dos. Cortina de melancolía. Los niños camuflaron su envidia escupiéndole su glauca bilis. "¡Nenaza!" le decían. "Los hombres no lloran" sentenciaban. Huyó a su casa, hecho agua; estaba perdido.

Su madre preparaba la cena. "Los hombres no lloran". Su padre y su hermano volvían de faenar. "Los hombres no lloran". Su abuelo, pedernal de posguerra, lo miró con desprecio. "¡Los hombres no lloran!" Su puño de hierro en su carita.

Pasaron varios otoños. El sauce lloraba solo. Pero lloraba al menos. Y un día volvió. Gracias, nostalgia. Dudó, pero al final se sentó bajo el árbol. Ya no había niños jugando, sino un escandaloso silencio. Como venía siendo costumbre esperó hasta que volvió la ya olvidada puesta de sol. Las doradas lágrimas del sauce comenzaron a caer, pero él no podía. Sus ojos estaban secos. Secos de decepción. Ya no... Ya era mayor para chiquilladas... De repente, unas palabras columpiadas por el aire encontraron su mirada: "Eres demasiado joven para decepcionarte". Las piedras lloraban de impotencia. Incluso el cielo lloraba, misericorde. Y él lloró hasta que se volvió todo agua.


1 comentario:

  1. Un mini relato sobrecogedor y precioso. Me encanta lo que se cuenta y, lo más importante, como lo cuentas. Combinas palabras que, al mismo tiempo, le dan suavidad y dulzura al texto con otras que lo hacen desgarrador.
    Un beso y sigue así ^_^

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