sábado, 19 de marzo de 2016

Dos lápices, un relato LIV

¡Buenos días! Hoy os traigo la siguiente parte de este relato conjunto que escribo con A la sombra de los sauces. Espero que disfrutéis. ¡Feliz sábado!


Efectivamente. Podía. Pero todo el mundo merecía que le pusieran la otra mejilla. Que le dieran una segunda oportunidad. O al menos así lo pensó Leichter. Además él era el que más conocía del enemigo y su ayuda podría ser de gran utilidad. Lo mantendrían vigilado y ya está. Pero lo importante es que ya tenían el libro.

Efectivamente. Era. El círculo que habían trazado los oscuros. Las mismas runas, los mismos símbolos. Estaba todo. Y a modo de pie de página se podía leer la oración que formularon para abrirlo. Gunther la reconoció. Sin embargo, hacían falta ciertas condiciones para conjurarlo. Condiciones que a priori no cumplían. Pero tendría que tener alguna solución ¿no?

Efectivamente. La tenía. Los círculos que describia el libro eran llamados giroportales y parecían tener una especie de conexión. Cada mundo paralelo tenía su propio giroportal y sólo podía comunicarse con uno de otro mundo. Nunca con más. Eso significaba que la Tierra sólo podía comunicarse con la dimensión de los oscuros. Para ello, el libro decía claramente que era necesario utilizar un objeto de la persona que había conjurado el  portal original. ese objeto hacía de vínculo entre los dos mundos. Y por suerte, tenían ese objeto: en la casa de Evelyn tenía que haber algo de su madre que pudieran utilizar.

Y efectivamente. Lo había. 

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