sábado, 6 de febrero de 2016

Dos lápices, un relato XLIV

¡Buenos días! Hoy os traigo la siguiente parte de este relato conjunto que escribo con A la sombra de los sauces. Es un poco más larga de lo normal pero no creo que importe. Espero que disfrutéis. ¡Feliz sábado!



La joven estuvo golpeando la puerta y gritando durante unos cuantos minutos sin obtener ningún resultado. Sólo oía risas y susurros. Sabía que alguien estaba ahí con ella pero se negaba a admitirlo. Tenía demasiado miedo y estaba sola. 

...

James y Helena habían conseguido evacuar el edificio y ayudaron a Leichter y al resto de responsables a salir. Estaban preocupados por Evelyn y Gunther... Eran los únicos que no habían conseguido salir. Pero poco tiempo tuvieron para preocuparse porque la enorme bestia que había atacado las instalaciones emergió de las profundidades del cielo, desprendiéndose de los insectos y pestilencias que la formaban. La histeria se desató: los bichos se aferraban a ellos que hacían todo lo posible para sacudírselos de encima. Daba igual cuantos pisaran; salían muchos más. Del fondo de la garganta de la bestia surgió un grito gutural y terrorífico.


...

Evelyn no podía más. Estaba harta de tener miedo, de ser tan frágil y de tener que depender siempre de alguien. Tenía que dejar de esconder la cabeza. Era muy probable que el resto estuvieran en problemas y necesitaran su ayuda. Decidió hacer frente a sus miedos y gritó:
- ¡¿Quién anda ahí?! ¡Muéstrate!
Se oyeron aplausos.
- Vaaaaaaya vaaaaya, hija no estaba tan orgullosa de ti desde que decidiste dejar de dormir con la luz encendida.
Era su madre, por supuesto. La llama de su cabeza era absolutamente negra. Evelyn iba a hablar pero ella la interrumpió.
- Antes de que hables, mi niña, tengo que darte unas cuantas sorpresas. Hoy estamos de celebración. ¿Y qué mejor forma de celebrar que junto a la familia?
De las cuatro esquinas de la sala desnuda aparecieron dos hombres y dos mujeres vestidos completamente de negro. Tenían todos algo muy en común con su madre. Algo que aterrorizó a la chica: cuatro sepulcrales y oscuras llamas sobre sus cabezas que se balanceaban, tétricas.

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