sábado, 21 de noviembre de 2015

Dos lápices, un relato XXXIV

¡Buenos días! Hoy os traigo la siguiente parte de este relato conjunto que escribo con A la sombra de los sauces. Espero que disfrutéis. ¡Feliz sábado!


Las praderas por las que vagaron formaban un hermoso paisaje, pero ellos no tenían tiempo para apreciarlo. Se alimentaron de bayas y frutos silvestres y tras caminar un poco más llegaron a la margen de un torrencial río. Ni se plantearon cruzarlo. Era demasiado peligroso, por lo que bordearon la orilla hasta que anocheció.

Comenzaron a preocuparse, pues tenían que encontrar un lugar donde esperar el alba del nuevo día. Cuando ya estaban a punto de claudicar y dormir al raso, encontraron una cabaña de madera y, a su lado, una camioneta aparcada. ¡Y había luz! Sin pensárselo dos veces corrieron a llamar a la puerta, en busca de asilo. Les abrió un cazador con cara de pocos amigos, pero por fortuna, una llama amarillenta pululaba sobre su semblante serio. El cazador, reticente en un principio, accedió de buen grado a dejarles pasar. Al calor del hogar, los muchachos le contaron su historia, omitiendo los detalles importantes, por supuesto. El buen hombre, accedió a llevarlos de vuelta a la ciudad aprovechando que le venía de paso. ¿Volverían esta vez "a casa"?

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