sábado, 31 de octubre de 2015

Dos lápices, un relato XXVIII

¡Buenos días! Hoy os traigo la siguiente parte de este relato conjunto que escribo con A la sombra de los sauces. Hoy es un poco más larga pero no creo que importe xD. Espero que disfrutéis. ¡Feliz sábado!


Los tres muchachos se levantaron inquietos. El silencio era sepulcral. Salvo por un extraño sonido parecido a un rugido... ¡Lobos! Todos llegaron en seguida a esa conclusión por lo que corrieron desesperados. Pero ¿hacia dónde? ¿Dónde estarían fuera de peligro? Presas del pánico, se dispersaron. Evelyn no era capaz de preocuparse de sus ¿compañeros? ¿amigos? ¿desconocidos? No sabía como tratarlos pero estaba decidida a salvarse. Por suerte para ella, encontró una madriguera al pie de un árbol donde poder ocultarse. Así lo hizo y se cubrió con la hojarasca para camuflarse. No tuvieron tanta suerte sus compañeros... O eso pensaba ella. Temblaba mientras oía los aullidos y gritos de dolor. Pero no lloró. No podía sentir nada hacia esos desconocidos que tan poco habían contribuido a su historia.

Cuando parecía que todo había pasado, paralizada por el shock, hizo un esfuerzo sobrehumano por abandonar su refugio. Era de día y los pájaros cantaban. No podía creerse que hace un momento ese bosque fuera un escenario tan dantesco. Avanzó más allá de la madriguera y al poco logró salir del bosque. Cual fue su sorpresa cuando un poco más lejos divisó unos edificios difuminados por la contaminación. Volvía a ¿casa?

...

"¡MÁS SANGRE!" gritó complacida madre.

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