sábado, 24 de octubre de 2015

Dos lápices, un relato XXVI

¡Buenos días! Hoy os traigo la siguiente parte de este relato conjunto que escribo con A la sombra de los sauces. Espero que disfrutéis. ¡Feliz sábado!


El bosque podía ser un lugar encantador y agradable para pasar un día en familia, con los niños jugando, gritando y riendo... Pero desde luego no era el mejor lugar para dar un paseo nocturno... Y nuestros jóvenes se dieron cuenta nada más internarse en el corazón del bosque. Los árboles, tétricos y erguidos como muertos, tamizaban la luz de las estrellas, dando la imagen de una cárcel a la intemperie. Los búhos ululaban, los grillos y las cigarras daban su fúnebre concierto, y las ramas secas crujían a su paso. Ensimismados en su huida, no vieron la selva de espinos de la que se estaban rodeando, y la joven sintió rasgar su mano por la afilada zarpa de espinas. No tenían tiempo... El bosque parecía eterno pero debían seguir cruzándolo.
...

Vio alejarse a sus presas en la espesura del negro bosque. Pobres. No sabían que se adentraban en un sitio más peligroso del que huían. Pero ella no iba a quedarse atrás. A una velocidad vertiginosa alcanzó el mar de espinos. "Sangre fresca..." dijo complacida.

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