jueves, 9 de julio de 2015

El viejo y el mar

En El viejo y el mar, Ernest Hemingway nos introduce en la piel de Santiago, un viejo pescador al que "le ha abandonado la suerte" porque no ha conseguido pescar nada en 84 días de travesía. Esto desencadena la lástima de sus vecinos y compañeros de pesca. Sin embargo, Manolín, un muchacho que solía ir a pescar con el anciano pero que dejó de hacerlo debido a las exigencias de su familia, no pierde la fe en él y lo anima a seguir luchando. ¿Por qué no iba a ser el 85 su número de la suerte? De esta forma, a través de sus 127 páginas,el libro nos muestra cómo el viejo afronta las adversidades que le presenta la mar en su camino para alcanzar su objetivo: la pesca del pez más grande que hayan visto sus ojos.

Estando gran parte de la novela centrada en la captura del animal puede resultar un relato un tanto lento en algunos momentos. Sin embargo, no es muy extenso por lo que es una lectura ligera y amena. Asimismo, nos encontramos con unas cuantas palabras relacionadas con el mundo de la pesca, cuyo significado podemos desconocer, pero no representan ningún obstáculo para comprender el relato. La forma en que Hemingway nos introduce en el mar a través de las texturas, olores, colores y sonidos que describe es espectacular.

Pero lo más interesante del libro es el mensaje que cada uno puede sacar. Y es que hay cosas que están por encima del éxito o el fracaso. Si a pesar de haberte esforzado al máximo para llegar a tu meta, no la alcanzas, no te puedes desanimar ni hundirte en la resignación. Apóyate en aquéllos que han creído siempre en ti y sigue intentándolo. Levántate. Tarde o temprano lo conseguirás, si has nacido para eso.


- Ahora pescaremos juntos otra vez.
- No. No tengo suerte. Yo ya no tengo suerte.
- Al diablo con la suerte -dijo el muchacho-. Yo llevaré la suerte conmigo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario